Estonia entrena a funcionarios para sobrevivir a la peste durante cuatro siglos sin dejar de trabajar
El gobierno estonio implanta un programa de simulacros de peste bubónica que durará 400 años y en el que los empleados públicos deberán teletrabajar mientras esquivan roedores.
El Ministerio de Salud de Estonia ha puesto en marcha un plan de formación obligatoria para todos los funcionarios públicos: sobrevivir a oleadas de peste bubónica durante los próximos cuatro siglos sin interrumpir la administración. El programa, bautizado «Operación Yersinia», comenzó el lunes con un simulacro en el que 3.200 empleados públicos de Tallin se arrastraron por pasillos llenos de ratas de goma mientras sellaban documentos con lacre.
«La peste no fue un evento único, así que nosotros tampoco», declaró la directora del programa, Kristiina Tambets, mientras supervisaba a un grupo de funcionarios que practicaba teletrabajo desde tiendas de campaña instaladas en el patio del ministerio. «Cada generación de empleados públicos debe aprender a teletrabajar mientras la bacteria se diversifica en tres ramas. No podemos permitir que la administración se detenga porque alguien estornude.»
El plan incluye un calendario de 400 años con brotes simulados cada 27 años, coincidiendo con las guerras históricas. Los participantes deben recorrer a pie las rutas de la Guerra de los Treinta Años portando archivadores ignífugos y mascarillas de cuero. «Observamos cómo la bacteria se divide en nuevas ramas durante los conflictos, así que hemos dividido a los funcionarios en tres turnos que se turnan para toser en dirección contraria al viento», explicó el coordinador Marcel Keller.
Los sindicatos han protestado porque el simulacro obliga a los empleados a firmar sus nóminas con pluma de ganso y a evitar a los roedores silvestres que campan por los sótanos. El gobierno ha respondido ampliando el programa a los ayuntamientos: cada vecino deberá cavar una fosa común preventiva en su jardín antes de 2027. «La peste no fue un desastre aislado, sino una amenaza recurrente», insistió Tambets. «Nosotros también.»
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