Google, Apple y Amazon instalan oficinas permanentes en el hemiciclo de Bruselas y redactan las normas desde dentro
Las tecnológicas estadounidenses trasladan a sus equipos de lobby al interior del Parlamento Europeo y participan en la redacción de las leyes que las regulan, mientras las empresas europeas esperan turno en la acera de enfrente.
Google, Apple y Amazon han trasladado sus equipos de asuntos públicos al interior del edificio principal del Parlamento Europeo en Bruselas, donde ocupan tres plantas completas y disponen de acceso directo a las salas donde se redactan las normas que las regulan. Las empresas europeas, mientras tanto, esperan turno en una cola instalada en la acera de enfrente, con cita previa que puede tardar meses.
La medida, presentada como una «optimización del diálogo institucional», permite a los representantes de las tecnológicas sentarse en las comisiones parlamentarias con voz pero sin voto, y con una fotocopiadora propia para duplicar cualquier borrador legislativo antes de que llegue al pleno. Un portavoz de una de las compañías explicó que «así ahorramos tiempo a los eurodiputados, que ya no tienen que leerse los textos dos veces».
El personal de las empresas europeas ha tenido que adaptarse a la nueva geografía: TotalEnergies, Volkswagen y Airbus comparten ahora un tráiler en el aparcamiento del edificio, con un timbre que suena cuando algún diputado baja a fumar. La patronal BusinessEurope ha solicitado sin éxito una carpa en el patio interior, y estudia instalar una pantalla gigante para seguir los debates desde fuera.
Los temas que se tratan en esas plantas van desde la regulación de la nube hasta las normas de seguridad para menores, pasando por el paquete digital que retrasa las obligaciones de la inteligencia artificial de alto riesgo. Los representantes de las tecnológicas han adoptado la costumbre de dejar notas adhesivas en las pantallas de los funcionarios con sugerencias de redacción, que luego aparecen casi literalmente en los textos finales.
La Comisión ha recordado que el registro de transparencia sigue abierto a todas las organizaciones, aunque el acceso físico al hemiciclo se ha convertido en el verdadero cuello de botella. Las empresas europeas afectadas no han querido hacer declaraciones, probablemente porque siguen esperando en la acera.
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