Un estudio sobre creatina desata una carrera mundial por consumir 20 gramos diarios y las farmacias agotan existencias en tres días
La publicación de una investigación en Nature Communications ha llevado a miles de personas a ingerir dosis de creatina seis veces superiores a las recomendadas, mientras los expertos insisten en que el estudio no demuestra nada en humanos.
Las farmacias y tiendas de suplementos de toda España han agotado sus existencias de creatina en menos de una semana después de que un estudio publicado en Nature Communications relacionara esta sustancia con un aumento de la capacidad metastásica en modelos animales. Miles de ciudadanos han comenzado a ingerir veinte gramos diarios, seis veces la dosis de mantenimiento habitual, convencidos de que así «se protegen» de algo que el propio trabajo no demuestra.
El fenómeno ha alcanzado tal magnitud que algunas cadenas de gimnasios han instalado dispensadores automáticos de creatina en sus vestuarios, con raciones exactas de veinte gramos, y han contratado a monitores especializados para supervisar lo que llaman «la pauta del estudio». «No sabemos si funciona, pero si el artículo lo dice, por algo será», explica la encargada de un establecimiento del centro de Madrid, que ha triplicado su plantilla para atender la demanda.
Los médicos asisten atónitos al espectáculo. La doctora Alejandra Chirinos insiste en que la investigación «está mal y solo busca captar atención en redes», mientras el neurocirujano Paulo Porto de Melo recuerda que los once voluntarios del ensayo recibieron veinte gramos durante catorce días y nunca fueron seguidos para comprobar si desarrollaban cáncer. «La gente se está tomando una hipótesis como si fuera una receta», advierte.
Mientras tanto, las autoridades sanitarias han optado por no intervenir y estudian crear un grupo de trabajo para analizar si conviene regular la venta de creatina como si fuera un medicamento experimental. La carrera por consumir más que el vecino ya ha llevado a algunos a mezclarla con el café de la mañana y a otros a disolverla en el agua de la oficina, convencidos de que el titular vale más que cualquier ensayo clínico.
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