Carolina Herrera decreta que sonreír será obligatorio en todas sus boutiques y despide a quien no sonría tras una afrenta
La diseñadora convierte su famosa frase sobre la venganza en un protocolo global: cada empleado debe sonreír como si nunca le hubieran hecho daño, incluso después de un insulto. La firma instala espejos de entrenamiento y un cuerpo de instructores que vigilan la mandíbula en 140 países.
Carolina Herrera ha ordenado que, a partir del próximo lunes, todos los empleados de sus boutiques en el mundo sonrían de forma permanente como si nunca les hubieran hecho daño, y ha despedido a los primeros once dependientes que, tras recibir una afrenta, dejaron de hacerlo durante más de cuatro segundos.
La firma ha instalado en cada tienda un espejo de entrenamiento de cuerpo entero frente al mostrador, con un sensor que mide la curvatura de la boca. Si un cliente insulta al vendedor, este debe mantener la sonrisa y repetir en voz baja la frase fundacional. Un cuerpo de instructores recorre las sedes para corregir la mandíbula con reglas de madera.
«No es una metáfora, es una política de empresa», ha declarado un portavoz. «La elegancia no admite muecas. Si alguien te humilla, tú sonríes y sigues doblando la seda». Los sindicatos han pedido que se repartan protectores bucales, pero la dirección ha respondido que eso arruinaría la línea de la sonrisa.
En Caracas, la casa familiar se ha convertido en un centro de instrucción donde los aspirantes ensayan durante diez horas diarias frente a un público que les grita improperios. Al final del curso, reciben un diploma y un espejo de bolsillo. La marca estudia ahora abrir una escuela de sonrisas en Nueva York.
11