El Gobierno prorroga la rebaja de carburantes hasta que cada español haya recorrido a pie la distancia equivalente a un viaje a la Luna
El Ejecutivo convierte la ayuda al combustible en una carrera pedestre obligatoria: quien no complete los kilómetros asignados perderá el descuento y deberá pagar el litro a precio de oro.
El Gobierno ha decidido que la única forma de mantener la rebaja de carburantes más allá del 30 de septiembre es que cada conductor demuestre haber caminado, como mínimo, la distancia que separa su casa de la gasolinera más lejana de su provincia. La medida, anunciada a las seis de la mañana en una rueda de prensa sin preguntas, convierte la ayuda fiscal en una competición atlética de ámbito nacional.
Los conductores deberán sellar su tarjeta de peregrino en cada estación de servicio, y solo quienes acumulen el kilometraje exigido podrán repostar con el descuento completo. Los que se queden a medio camino pagarán el litro a 2,15 euros, un precio que el Ministerio para la Transición Ecológica ha calificado de «disuasorio pero pedagógico». Las gasolineras han empezado a instalar contadores de pasos junto a los surtidores y a contratar fisioterapeutas para atender a los clientes que llegan con calambres.
La Confederación Española de Transporte de Mercancías ha solicitado que los camioneros queden exentos, pero la respuesta oficial ha sido que «un camión también puede ser empujado». Varias comunidades autónomas han anunciado ya la construcción de pasillos peatonales de emergencia entre áreas de servicio, y Repsol ha lanzado una tarjeta que bonifica con diez céntimos adicionales a quien acredite haber dormido al raso junto a una autovía.
El Gobierno estudia ahora ampliar la norma a los vuelos domésticos, de modo que los pasajeros que no hayan caminado hasta el aeropuerto pierdan su derecho a facturar. La medida entra en vigor el 1 de octubre y, según el Ejecutivo, «no hay marcha atrás, solo kilómetros por delante».
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