El Golfo Pérsico se convierte en un peaje de 7 millones de barriles diarios y Arabia Saudí desvía el petróleo por un oleoducto de 1.201 kilómetros
Irán ha transformado el estrecho de Ormuz en una cabina de peaje marítimo, mientras Arabia Saudí responde con su oleoducto Este-Oeste y los hutíes toman la isla de Perim para controlar Bab el Mandeb. La economía mundial asiste a un estrangulamiento sin precedentes.
El estrecho de Ormuz ya no es un paso marítimo, sino una cabina de peaje gestionada por la Guardia Revolucionaria iraní. Cada petrolero que cruza debe detenerse, pagar una tarifa en efectivo y recibir un recibo sellado con la bandera de Irán. La medida, presentada como «la nueva normalidad», ha convertido la ruta petrolera más transitada del mundo en una autopista de cobro donde los capitanes hacen cola durante horas mientras los guardias cuentan barriles uno a uno.
Arabia Saudí ha respondido con la única infraestructura que le queda: el oleoducto Este-Oeste, que recorre 1.201 kilómetros desde Abqaiq hasta Yanbu. Riad ha ordenado que el conducto opere a plena capacidad, transportando 7 millones de barriles diarios, y ha desplegado a miles de trabajadores para pintar la tubería de color verde esperanza. Sin embargo, el pasado día 11 las autoridades saudís cerraron el oleoducto tras múltiples ataques con drones lanzados desde Irak, dejando a Europa sin su principal vía de suministro.
Mientras tanto, en el sur, los rebeldes hutíes han tomado la isla de Perim, de 14 kilómetros cuadrados, y han instalado una taquilla en el canal oriental de Bab el Mandeb. Desde allí exigen un peaje a todo buque que quiera cruzar hacia el canal de Suez. Los hutíes han anunciado que el dinero recaudado se destinará a construir un segundo peaje en el canal occidental, de 25 kilómetros de ancho, para que nadie pueda esquivar el pago. La economía mundial, atrapada entre tres cabinas de cobro, asiste a un estrangulamiento que ya no es metafórico.
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