Los españoles deberán aprobar un examen de compra semanal para seguir yendo al supermercado
El Gobierno implanta una prueba obligatoria de ahorro doméstico para contener la escalada de precios, con listas de la compra selladas y menús semanales revisados por inspectores.
El Ministerio de Consumo ha decretado que, a partir del próximo lunes, ningún ciudadano podrá cruzar la puerta de un supermercado sin haber superado antes un examen oficial de compra semanal. La prueba, de dos horas y media, evalúa la capacidad del aspirante para confeccionar una lista cerrada, planificar un menú de siete días y calcular el ahorro exacto que obtendría comparando precios entre cadenas. Quien suspenda quedará confinado a comprar únicamente en la tienda más cara de su barrio durante un mes.
Las sedes del examen se han instalado en antiguos mercados municipales, reconvertidos en aulas con estanterías vacías y cajas registradoras de prácticas. Los aspirantes deben recorrer los pasillos simulados con un carro de tamaño reglamentario y detenerse ante cada producto para justificar su elección en voz alta. Un tribunal de tres funcionarios, armado con la lista de la compra precintada, puntúa la precisión del cálculo y la firmeza con que el candidato renuncia a las galletas de chocolate.
La medida ha transformado la vida de los barrios. Los vecinos se reúnen los domingos en los portales para ensayar menús semanales y comparar folletos de ofertas como quien prepara una oposición. En las gasolineras, los conductores deben acreditar ante el surtidor que el depósito lleno les saldrá rentable, y quien no supere la prueba queda condenado a repostar de litro en litro. Las pescaderías exigen un certificado de temporada antes de despachar la merluza.
El Ministerio ha anunciado que los inspectores visitarán los hogares para verificar que la lista de la compra se cumple al pie de la letra. La primera multa se impondrá a quien compre algo que no figure en el menú aprobado.
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