El Pentágono abre un museo de la guerra del futuro con drones de verdad y retira a todo general que no sepa pilotarlos
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, inaugura el museo Autowarcom en Quantico y exige que cada general supervise personalmente un dron de combate; los que no aprueban el examen de pilotaje son escoltados fuera de la base.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha inaugurado en la Base del Cuerpo de Marines de Quantico el museo Autowarcom, un recinto de acceso obligatorio para todo oficial de una estrella o superior que quiera conservar su mando. En la primera sala, cada visitante recibe un dron de combate real y debe pilotarlo durante seis horas seguidas mientras un instructor evalúa su pulso. Los que estrellan el aparato contra el suelo son retirados esa misma tarde.
La medida forma parte de la reducción del veinte por ciento de generales y almirantes ordenada por Hegseth, que ha decidido aplicar el recorte en persona. Cada mañana, una fila de oficiales de alto rango espera en la puerta del museo con el uniforme de gala y una batería de repuesto. Los que aprueban el examen reciben una insignia con la palabra «guerrero»; los que no, son acompañados hasta la salida por un sargento que les entrega una caja con sus condecoraciones.
El Pentágono ha instalado una segunda sala dedicada a la detección de la «deficiencia de testosterona», donde los candidatos deben levantar un misil interceptador sobre los hombros antes de acceder al simulador. Elon Musk y Palmer Luckey supervisan el diseño de los ejercicios y han propuesto que el museo abra también los domingos para las familias de Quantico. La oficina de Asuntos Religiosos, creada en paralelo, ofrece una misa cada vez que un general es escoltado fuera de la base.
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