Marlaska y Robles acuerdan turnarse la Guardia Civil por semanas y ensayar el relevo cada lunes en la puerta de la Benemérita
Tras seis años de desencuentros, los ministros pactan un calendario de alternancia: Interior manda los lunes, miércoles y viernes; Defensa, los demás días, con un ensayo público de entrega de mando cada semana.
Los ministerios de Interior y Defensa han puesto fin a seis años de roces con un acuerdo inédito: la Guardia Civil pasará a depender de Fernando Grande-Marlaska los lunes, miércoles y viernes, y de Margarita Robles los martes, jueves y sábados, con los domingos reservados para maniobras conjuntas de reconciliación. El pacto, anunciado esta mañana, incluye un ensayo obligatorio de relevo cada lunes a las ocho en la puerta principal de la Benemérita, con los dos ministros presentes y un sargento cronometrando la entrega del testigo.
Fuentes del acuerdo explican que cada cambio de mando exigirá que el cuerpo entero se forme en el patio, cante el himno de la semana correspondiente y reciba instrucciones de un único titular, mientras el otro espera en un vehículo oficial con las ventanillas subidas. Los agentes, por su parte, deberán memorizar dos organigramas distintos y cambiar de lealtad según el día, con un recordatorio sonoro a las doce de la noche para que nadie salude al ministro equivocado.
La primera semana de prueba ha dejado escenas como la del miércoles, cuando una patrulla de Tráfico detuvo a un conductor en Sevilla y, al pedir refuerzos, recibió la respuesta de que el puesto correspondía a Defensa y que debía esperar al jueves. El conductor permaneció esposado 14 horas hasta que Robles, desde su despacho, autorizó la intervención. «Es cuestión de disciplina», declaró Marlaska, «y de que cada uno sepa cuándo le toca mandar».
El próximo lunes, ambos ministros ensayarán el relevo con un simulacro de entrega de mando en la Academia de Guardias de Baeza, donde los cadetes deberán practicar el saludo a dos bandas y la retirada discreta del que no manda. La medida, según Defensa, busca «normalizar la alternancia» y evitar que los desencuentros vuelvan a aflorar en el Congreso.
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