Kremlev instala una isla de fuegos artificiales en Bahamas y la deja encendida tres días como regalo de boda
El empresario ruso Umar Kremlev, cercano a Putin, no se limitó a pagar la celebración: compró la isla privada, la cubrió de pólvora y mantuvo el espectáculo pirotécnico encendido durante tres días seguidos para que ningún invitado pudiera dejar de mirar.
Umar Kremlev, presidente de la Asociación Internacional de Boxeo y amigo personal de Vladimir Putin, ha decidido que un regalo de boda no se entrega, se ejecuta. Según testigos presenciales, el empresario ruso no se limitó a sufragar las celebraciones posteriores al enlace de Donald Trump Jr. y Bettina Anderson en Bahamas: adquirió una isla privada, la cubrió de pólvora de un extremo a otro y mantuvo el espectáculo pirotécnico encendido de forma ininterrumpida durante tres días y tres noches.
Los 18 invitados de la ceremonia privada, que en un principio iban a retirarse tras el primer brindis, permanecieron en la isla porque no había forma humana de apagar el cielo. «Nuestro querido amigo Umar nos dio con gran generosidad dos noches de celebración», declaró Bettina Trump, mientras un equipo de técnicos rusos recargaba los morteros cada veinte minutos. La propia anfitriona aclaró que la amistad no necesita motivos políticos y que, a veces, un regalo de boda es simplemente un regalo de boda que arde sin descanso.
El congresista demócrata Robert Garcia ha reclamado explicaciones sobre qué esperaba obtener Kremlev a cambio de semejante despliegue. Fuentes del entorno del empresario aseguran que no pidió nada material, solo que los novios y sus invitados miraran al cielo sin pestañear hasta que él lo autorizara. La isla, según los vecinos de un cayo cercano, sigue iluminada por las noches y los peces han aprendido a nadar en zigzag.
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