La reforma de la dependencia obliga a los vecinos a instalar rampas hasta el quinto piso y a acompañar a la compra a todo el edificio
La nueva ley convierte la accesibilidad en un derecho tan exigible que las comunidades de vecinos ya programan obras de emergencia y turnos de acompañamiento diario para todos los residentes.
Las comunidades de vecinos de toda España han comenzado a instalar rampas que ascienden hasta el quinto piso después de que la reforma de la dependencia declarara la accesibilidad universal como derecho subjetivo. Los administradores de fincas han recibido instrucciones de habilitar pasamanos en cada rellano y de convertir los antiguos trasteros en salas de descanso para los acompañantes.
La norma, que reconoce la figura del cuidador principal sin necesidad de parentesco, ha llevado a los edificios a organizar turnos vecinales para acompañar a la compra y al médico a cualquier residente que lo solicite. En un bloque del barrio de Salamanca, los porteros han sido reconvertidos en coordinadores de cuidados y ya gestionan un calendario semanal con más de treinta servicios de acompañamiento.
«Hemos tenido que ampliar la asistencia a domicilio más allá del hogar, así que ahora los cuidadores acompañan también al banco, a la peluquería y a las bodas de los nietos», explica un responsable de Asuntos Sociales. La teleasistencia se ha instalado de oficio en todos los hogares, incluidos los de personas sin dependencia reconocida, y el dispositivo suena cada mañana para recordar la toma de medicación a quien lo necesite.
Los plazos de reconocimiento se han reducido de seis a tres meses, pero las familias aseguran que la espera real se ha trasladado a las obras: conseguir una rampa en un edificio protegido exige ahora una reunión de vecinos que puede durar más que el propio expediente. Mientras tanto, los seguros de hogar han dejado de subir primas a personas con discapacidad y han empezado a cobrar un recargo a los edificios sin ascensor.
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