Un pueblo danés implanta el bastón de la palabra en todas las conversaciones: quien habla sin palo es multado con silencio obligatorio de una hora
La localidad de Ribe, en Dinamarca, ha convertido el objeto en un requisito legal para cualquier diálogo: desde el médico hasta el panadero, nadie puede abrir la boca sin sostener el palo oficial. Los monologuistas han huido a Suecia.
El ayuntamiento de Ribe, en Dinamarca, ha aprobado por unanimidad que cualquier conversación entre dos o más personas requiera la presencia de un bastón de palabra oficial, fabricado en madera de fresno y con un timbre incorporado que se activa si alguien habla sin sujetarlo. La medida entró en vigor el lunes y ya ha obligado a cerrar tres cafeterías que no disponían de ejemplares suficientes para sus clientes.
«No es una limitación, es una liberación», ha declarado la concejala de Convivencia, Mette Sorensen. «Ahora sabemos exactamente cuándo nos toca escuchar. El que interrumpe paga una hora de silencio obligatorio en una sala insonorizada del centro cívico, con vistas al puerto y una silla muy cómoda». Las autoridades han distribuido diez mil bastones entre los vecinos, y el registro civil entrega uno a cada recién nacido junto con el certificado de nacimiento.
Los efectos se han notado de inmediato. En el supermercado, las cajeras levantan el palo antes de preguntar si se quiere bolsa. En el consultorio, los médicos lo sostienen mientras auscultan, y los pacientes deben esperar su turno con el brazo extendido. La escuela local ha sustituido el timbre de recreo por una versión gigante del bastón que los profesores agitan desde la torre. Los monologuistas profesionales, una categoría que hasta ahora prosperaba en las sobremesas, han emigrado en masa a Malmö, donde aún se puede hablar sin permiso.
El consistorio estudia ahora una variante para conversaciones telefónicas: un bastón con Bluetooth que vibra cuando el interlocutor lleva más de dos minutos seguidos hablando de su maratón. «La tecnología está lista», asegura Sorensen. «Solo falta que alguien lo suelte».
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